El
día 8 de Octubre se cumplieron seis meses desde el
asesinato de los periodistas José Couso,
Taras Protsyuk y Tarek Ayub.
Shawn Gibson, disparó desde el tanque M1A1 Abrahams
contra el Hotel Palestina, en Bagdad. Recibía órdenes
del capitán Philip Wolford, perteneciente
al Cuarto Batallón de la Tercera División de
Infantería de EEUU. Chris Tomlinson, reportero de
AP, escuchó, a través de una radio militar,
como el coronel Philip DeCamp increpaba
a su subalterno: "¿Acaba de disparar usted al
puto hotel Palestina?". Wolford guardó silencio.
Sobre
un colchón, el cuerpo aún con vida de José Couso
abandonaba la habitación 1402. Un piso más
arriba, el ucraniano Protsyuk ya estaba muerto. Pocas horas
después José Couso moría en el Hospital
Ibn Nafis.
El
gobierno de los Estados Unidos afirmó que se disparó al
sospecharse la presencia de un francotirador. Así lo
señalaba Wolford en el
semanario francés Le Nouvel Observateur:
"Llevábamos horas en plena batalla, el fuego llegaba
sin cesar de este lugar como de otros, así que devolvimos
el fuego. No lo dudamos: ésa es la regla. Veinte minutos
después supe que le habíamos dado al hotel de
los periodistas...". Sin embargo, Joel Campagna,
coautor del informe del Comité de Defensa de Periodistas
(CPJ) afirma:
"Ninguno de los testigos con los que hemos hablado vio
disparos desde el hotel. Es más, muchos aseguran que
durante los 15 ó 20 minutos previos ni siquiera hubo
fuego en la zona, y daba la impresión de que los combates
habían acabado". Gustavo Sierra, corresponsal del
diario argentino Clarín, comenta:
"En el Palestine hay 300 periodistas
desde hace veinte días y ninguno de nosotros jamás
vio a nadie armado fuera del lobby del hotel y nunca se vio
ninguna evidencia de que desde allí pudieran estar operando
algunos milicianos y mucho menos soldados del ejército
iraquí."
Unos
y otros no se cansan de asegurar lo que todos sabemos, que
Estados Unidos, una vez más, ha echado mano a su dote
de impunidad, la misma que lleva a anular la dignidad y la
vida de un sinnúmero de personas alrededor del mundo.
La
familia de José Couso no
sólo tuvo que padecer el dolor de la pérdida
sino la humillación y la impotencia de un gobierno
que le dio la espalda. Un premio de Defensa, que rechazaron,
y un informe de página y media,en inglés y
sin membrete, que según el CPJ es falso, resumen las
actuaciones del gobierno de Aznar. A esto debe sumarse la
incompetencia de la Justicia Española
que sólo contempla los delitos cometidos fuera del
territorio nacional cuando éstos son causados por
ciudadanos españoles. Amparada, entonces, en la Convención
de Ginebra, la familia de José Couso inició acciones
legales por crimen de guerra y asesinato contra los tres
militares estadounidenses involucrados en el atentado.
Aún
aguardan una respuesta.
(Al
cierre de esta edición
la Audiencia Nacional citó a declarar a Carlos Hernández,
de Antena 3; Olga Rodríguez, de la Cadena SER, y
Jon Sistiaga, de Tele 5; quienes
no han dudado en afirmar que las acciones de las fuerzas
estadounidenses fueron "premeditadas y con intención
de matar".)